jueves, 6 de septiembre de 2012

Perdón, neta, perdón

Perdón si al decirte buenos días no estoy respetando tu decisión, pero me es imposible no pensar en ti al despertar si pensando en ti dormí.
Perdón por no entender por qué si tú también me quieres me tienes que alejar de ti.
Perdón por no poder olvidarte, así, tan pronto, por desear tener de ti algo, quizá solamente tu amistad.
Perdón por quererte, por enamorarme de ti, por querer saber si estás bien, si hay algo en que te pueda servir.

Perdón por no saber dejarte ir, neta, perdón. 

viernes, 22 de junio de 2012

Fue largo tu camino, difícil fue tu caminar.

Nos quedamos con nada, te lo dimos todo. 
Largo fue tu camino, difícil fue tu caminar. 


Mujer fuerte, luchona, entrona, recia y de carácter. 
Mujer amorosa, tierna, protectora, guardiana. 


Todos recibimos de ti todo, nos cuidaste y nos guiaste, nos diste un nombre y nos alimentaste, nos tomaste entre tus brazos cuando lloramos, cuando más te necesitamos. 


Fuiste pilar de nuestra familia, nos mantuviste unidos, nos enseñaste a cuidarnos a nosotros mismos, nos diste fe. 


Con nada nos quedamos, te lo dimos todo. 
Te dimos nuestros besos, nuestras alegrías, te dimos nuestros logros, nuestros hijos.
Te dimos penas también que transformaste en consuelo. 


Hoy estamos tristes pero también sabemos que al fin descansarás, fue muy largo tu camino, difícil fue tu caminar. 


Hasta siempre, Mary, hasta siempre Abuelita.

sábado, 14 de abril de 2012

Sábado de Gloria


“¡Señora Mary, se están llevando a Pepe!”.
El grito chillón entró por la ventana, entendimos de inmediato que era un grito urgente, sin asomarse siquiera, aventó el sartén y apagó la estufa, en su camino se quitó el mandil y salió corriendo a paso apresurado, el resto de nosotros lo hicimos también, en silencio pero apurados, con la angustia y el desconcierto en el rostro, bajamos las escaleras y corrimos hacia la calle donde un gran grupo de personas debajo de la banqueta se arremolinaban en torno a algo.
Aquel día era Sábado de Gloria, la costumbre dictaba que era un día para celebrar mojando a las personas, para nosotros sin embargo era un día de guardar, teníamos prohibido salir a jugar y más aun mojarnos, además de todo un día antes una camioneta de la delegación había pasado con altoparlantes por las calles advirtiendo que no se toleraría el desperdicio del agua durante la celebración del día.


Pepe era el mayor de nuestros hermanos, era alto y corpulento, su cuerpo enorme no correspondía a la clase de chico que él podría ser, era demasiado tranquilo, calmo, con la mirada pasiva y hablaba muy poco, parecía que nunca se enojaba por nada, y si lo hacía, no lo manifestaba.

Ese día Mary lo mandó al mercado a comprar lechuga y tres tomates para ensalada, salió con su paso lento hacia fuera. En su camino, de regreso a casa de la nada salieron los Sotelo, eran los dos chicos más odiosos y embusteros del barrio, ni su madre podría controlarlos, eran una verdadera calamidad para todos los que ahí vivíamos.
Tenían globos rellenos de agua y los explotaron todos sobre Pepe, quien no tuvo otra opción que tratar de esquivarlos y correr tan rápido como su pesado cuerpo se lo permitía. Todo mojado el primer pensamiento que se le vino a la mente fue la imagen de su madre furiosa por haberse mojado en ese día, aun así tendría que regresar cuanto antes pero sin pasar nuevamente cerca de donde vivían los chicos, por lo que tuvo que rodear la acera, pero justo casi cuando iba a llegar, paso la camioneta azul de la policía que estaba levantando a todos aquellos que habían desacatado la advertencia de no desperdiciar agua, y al ver a Pepe todo empapado se detuvieron de inmediato para subirlo.
La gente que miró, y que conocían el temperamento calmo sabían que aquello sería una injustica ya que él no era la clase de chico que estaría aventándose agua en ese día. “¡Hey no se lo lleven!” Gritaban desde la calle. Pepe sin soltar la bolsa de los tomates se resistía a los jaloneos y aquello se comenzó a poner candente, los gritos de la gente que se empezó a juntar en torno a la camioneta y el jaloneo entre Pepe y los policías, la señora Isabel, nuestra vecina, de inmediato corrió hacia la ventana de los apartamentos y le grito a Mary para hacerle saber que la policía se estaba llevando a su hijo.
Mary se abrió paso entre la gente hasta llegar justo detrás de los policías que trataba infructuosamente de meter a Pepe en la camioneta, mientras él, se aferraba con pies y manos a las orillas de la puerta, resistiendo los golpes que le propinaban, no decía nada, solo apretaba los labios y los ojos parecían que iba a liberar el llanto de un momento a otro.
“¡Suéltalo recabrón! suéltalo!” le dijo al policía mientras  con el puño cerrado lo golpeaba en la nuca con todas sus fuerzas.
-Señora no se meta, le decía el policía.
-Cómo no me voy a meter si es mi hijo, respondió Mary.
-Se estaba mojando, son órdenes de la delegación
-Eso no es posible, Pepe es un buen muchacho, suéltalo te digo, cabrón
Aquello se puso más intenso, la rechifla de la gente, los empujones; uno de los tres policías, fastidiado de no poder subir a Pepe y esquivar los golpes de Mary, desesperado, se volteó y le dio un empujón que la mando al suelo, aquella escena indignó a la vecinos que entonces sí arremetieron contra el grupo de policías, empezaron a agitar la camioneta y a golpearlos.
“Pinches abusivos, ese muchacho no hizo nada, ya déjenlo ir”, gritaban. Ante la imposibilidad de continuar, los policías se subieron de inmediato a la camioneta y se abrieron paso entre la gente para salir a toda velocidad y alejarse.
Mary abrazó a Pepe, todos lo abrazamos, finalmente sus ojos no aguantaron más y rompió en llanto, con las mejillas rojas, los cabellos revueltos y la camiseta rota se fue caminando de lado de su madre y sus hermanos, aun sin soltar la bolsa donde los tomates simplemente no resistieron la golpiza.

domingo, 12 de febrero de 2012

LA CÁPSULA


Ese domingo desperté con una erección, no habría tenido nada de extraordinario de no ser porque la erección no era mía, sino la de un tipo largo, flaco y calvo que estaba dormido a mis espaldas.

De inmediato brinqué de la cama y aún adormilado noté que no traía puesto el pantalón, solo mis calzoncillos y una chamarra, pero no recordaba haber ido de juerga la noche anterior. Estaba confundido y desorientado, no tenía ni la menor idea de dónde ni por qué estaba allí.

En la habitación no había nada excepto la cama, parecía más bien una celda con las paredes blancas sin ventanas ni puertas.
Tosí un poco mientras pensaba despertar al tipo para preguntarle dónde estábamos, cuando de repente se deslizó la pared y apareció de la nada una puerta y un hombre de unos sesenta años vistiendo una enorme bata de baño blanca cruzó sonriendo, me pareció familiar aunque nunca antes lo había visto.

-¡Willy, ¿cómo estás?! - me dijo mientras levantaba los brazos para abrazarme.
Instintivamente le devolví el abrazo pensando en que, si sabía mi nombre, tal vez nos conocíamos. Antes de que yo dijera algo él adivinó mi pensamiento y me dijo -¿no me reconoces, verdad? Soy Jorge Calletano, tu amigo del internet, obvio más viejo de lo que me recuerdas.-

Efectivamente, era Jorge, o el papá de Jorge porque este hombre era un anciano y mi amigo apenas un veinteañero. Después del abrazo le extendí la mano para estrechar la suya pero no lo hizo, su puño permaneció cubierto bajo la manga de la gran bata blanca. Se dio  media vuelta y la puerta se abrió nuevamente. –Ven conmigo.-, me dijo mientras caminábamos hacia fuera.

Pasamos a una sala donde había unas mesas largas igual blancas como las paredes, sin ventanas ni adornos, solo varios cristales en forma vertical como si fueran paredes divisorias. Nos sentamos y fue entonces que pude ver su mano, o lo que quedaba de ella, no tenía un solo dedo, los muñones terminaban en los nudillos.

Había dos tazas de café y con la mirada me invitó a tomar una de ellas mientras él respiraba hondo y tomaba aire como preparándose para decirme algo.
-Voy a ser directo porque sé debes tener muchas preguntas- me dijo ya sin la sonrisa y aclaró la garganta. -Willy, estamos en el año 2054, mandé a Alex Díaz nuestro viejo amigo a traerte del pasado porque tu vida corre peligro y no estás seguro allá. Sé que es difícil de creer pero es la verdad, es una larga historia.
“Todo empezó en 2010, ¿recuerdas?, ¿cuando jugábamos en las redes sociales? El plan ya estaba en marcha y no nos dimos cuenta, fuimos participes  y cómplices involuntarios de él.
“Primero fue Facebook, luego Twitter, Tumbrl, Instangram, Blogger, YouTube, Formspring… todas y cada una de las plataformas nos fueron atrapando, abríamos cuenta en todas, queríamos estar en todas, dominar en todas y así lo hicimos, Willy.
“Nuestra ambición no conocía límites, algunos años después llegó nuestro momento, nos volvimos tan poderosos en las redes sociales que muy pronto empezamos a competir directamente con las televisoras. Sí, nosotros, estúpidos enfermos de poder opinábamos y decíamos como si supiéramos lo que estábamos haciendo, llenándonos de fanáticos que seguían y hacían lo que les dijéramos.
“Hasta que un día, se nos ocurrió que lo mejor era vivir conectados permanentemente ya que todo pasaba en la red, todo por nuestras manos, lo teníamos todo y queríamos más. Así surgió la idea de La Cápsula, la gente confió en nosotros y la traicionamos.     
 “La Cápsula, un dispositivo que se conecta directamente a las terminales nerviosas de tu cerebro desde las yemas de tus dedos, te permite ver, tocar, oler, saborear y sentir todo lo que sucede en el mundo virtual como si se tratara del mundo real, era un invento genial, se acaba con todos los imposibles, la máquina de los sueños le llamaban, todo lo que siempre habías deseado ahí estaba, placer, viajes, sexo, comida, todo. Cualquier sensación era tan real que se sentía como si realmente estuvieras ahí. Una vez conectado te resultaba difícil querer salir.
“Pronto el dispositivo se volvió popular entre los sujetos de prueba, de unas horas al día, ellos permanecían conectados por días, semanas, meses. Fue entonces que con tanto poder en las redes decidimos lanzar mi candidatura a la presidencia de la república, contigo como mi vicepresidente, prometimos lo que nadie nuca había logrado: acabar con la pobreza.

Mientras él hablaba todos esos disparates, trataba de concentrarme en lo que había sucedido la noche anterior y cómo diablos había llegado hasta la casa de este orate, aun así todo lo que hablaba parecía tener algo de cierto, le di un sorbo a mi café y seguí escuchando atento.   

“…Y lo logramos, ¡ja!, lo logramos y de qué forma. La gente pobre fue la primera en ser adoptada por la capsula, era una eutanasia asquerosamente disfrazada. Todo aquel que quisiera dejar de vivir una vida miserable podría conectarse permanentemente a la capsula y vivir el resto de sus días felizmente en una fantasía que tú y yo creamos, creábamos mundos para ellos, tú eras muy bueno en eso, les dábamos todo, una nueva vida, conflictos, una historia que vivir. ¿A cambio de qué? De su vida misma, al ya no necesitar su cuerpo tomábamos sus órganos vitales, riñones, páncreas, médula ósea, todo. Los ricos enfermos podrían entonces pagar por eso órganos y vivir sus vidas, ambos ricos y pobres, en la mejor manera, cada quien en su propio mundo.
“Acabamos con la pobreza, con la marginación, con la criminalidad, todos parecían felices, hubo protestas, sí, pero todos terminaban rendidos a La Cápsula.
“Hasta que un día, nos acabamos a los pobres, ya nadie quería trabajar o vivir, familias completas se entregaban y ya nadie necesitaba órganos pero aun así la gente ya no quería luchar por sus vidas, todos querían estar conectados.

-Ven, quiero mostrarte algo- Me dijo mientras se ponía de pie y caminamos hacia una de las paredes. El color blanco se difuminó y apareció una ventana a un gran bodegón con decenas de miles de cerebros enfrascados conectados a una red de alambres que pendían del techo. A un costado, una pila de cadáveres descompuestos y putrefactos. Era un paisaje aterrador, caminé unos pasos hacia atrás horrorizado y aún incrédulo ante lo que había observado.

“Por eso no tengo dedos Willy, y tú tampoco los tendrás, te conectas a través de ellos y luego la capsula te va tomando, de esa forma sabríamos que nunca estaríamos como ellos, aunque en el fondo ya estemos muertos. Por eso te hice venir. Hace unos días peleamos tú y yo y decidiste partir al pasado a buscarte a ti mismo y terminar con tu joven vida para evitar que todo esto pase, pero ya está escrito, nada podemos hacer.

Cuando vi su muñón, me empecé a sentir mareado, volteé hacia la mesa y vi mi taza de café vacía y la de él intacta, claro, era imposible que la hubiera levantado si no tenía dedos, ese café tenía algún tipo de somnífero adiviné.
Puso su mano sobre mi espalda y me guió hacia lo que parecía un sillón reclinable, me recosté y acercó un teclado que se ajustaba a la forma exacta de mis manos. Yo me sentía cada vez más confundido y mareado.

–Anda, vamos, esto ya se acabó, sólo pon tu password, el mismo que tenías antes y esta pesadilla se acabará muy pronto. Hasta pronto Willy, sigue dando tus consejos pendejos-, concluyó sonriendo mientras se desvanecía ante mis ojos su imagen, lo último que recuerdo haber visto fue cuando se cerró la cápsula.

W.S.

jueves, 26 de enero de 2012

14 de Febrero.

Hoy me miré al espejo y me dije a mí mismo:
“¡Qué guapo estás!, sería un desperdicio que este 14 de Febrero te quedaras otra vez en casa viendo el maratón de Sábado Apantallante en la televisión”.
Antes de terminar de decir la palabra desperdicio, me abofeteé fuertemente gritando “¡¿Estás loco?! ¿Acaso quieres que nos den medicamento otra vez?, ¡deja de estar hablando solo!”
Reflexioné y recordé aquel 14 de febrero de 2008. Es raro que lo recordara porque precisamente recuerdo que se me había olvidado, estaba súper emputado por haber olvidado tan importante fecha así que ese día marqué a casa de mi novia y en cuanto levantó la bocina y antes de que dijera una sola palabra la interrumpí gritando:
-¡QUÉ POCA TU PUTA MADRE! Por qué chingados no me recordaste ayer cuando estábamos cogiendo en el sofá de tu casa que mañana (o sea hoy), era, (o sea, es) 14 de febrero, ¿eh? ¡NO MAMES, NO PINCHES MAMES!
Justo cuando acabé de decir MAMES, al otro lado del teléfono contestó una voz femenina que no era la de mi novia -¿Eres tú, Willy?
-Ay perdón, suegra- Respondí avergonzado. -Pensé que era tu hija, ¿podrías comunicarme con ella por favor?
-Ja, qué menso, no, soy yo, Claudia aquí no vive mi mamá, lo sabes. Vi tu número en el identificador y me emocioné porque llamaste justo hoy 14 de febrero… aunque no estuvimos cogiendo ayer en el sillón, eh, mi amor.- Me respondió alegre.
-¿Me vas a pasar a Yadira, sí o no?- La interrumpí tajante.
-¿Yadira?, ¿pero qué traes con mi hija?- Respondió extrañada.
-Ah, ¿no te ha dicho?, estamos saliendo, luego de que dejé de buscarte desde hace ya quince largos días, asumí que ya sabías que no quería nada contigo y me brindé la oportunidad de conocer nuevas personas, en este caso, Yadira.
-¡Óyeme carbón, no mames, ella podría ser tu hija!- Respondió indignada.
-No, tampoco inventes, si no tiene ni dos meses que anduvimos cogiendo tú y yo, cómo va a ser mi hija si tiene dieciocho años, no te digo, siempre con tus puterías, pásamela, ya no quiero hablar contigo… gracias, suegra.- Terminé tajante pero cortés.
Después de unos segundos la voz tímida de Yadira respondió al teléfono –Hola-. –Paso por ti en 30 minutos, espérame en la puerta- le dije y colgué.
Llegué por ella puntualmente dos horas más tarde de lo acordado y después de darle un beso, caminamos hacia mi flamante vehículo, me puse frente a la puerta para que ella abordara y yo aproveché para darle un apretón de nalgas cuando ella pisó el segundo escalón del camión que nos llevaría a los cines de la Plaza Galerías.
Estaban hasta la madre, la fila para compra boletos daba la vuelta y las localidades estaban agotadas, de no haber sido porque nos metimos por la puerta de salida a la sala, jamás habríamos entrado a ver la película.
Como caballero que soy, le pregunté si quería palomitas o algo de la tienda, ella me extendió un billete de $200 pesos y me dijo “Tráeme lo que sea, lo que tú quieras”. La abofeteé con la misma mano donde tenía el billete.
–¡NO, LO QUE YO QUIERA, NO! Qué poca, eh, o sea que yo voy a compra lo que quiera para mí, y tú vas a terminar comiéndote lo mío, pues no, tú pide lo tuyo.- Respondí enfurecido.
Ella se puso a llorar y yo comprendí de inmediato que me había equivocado y me sentí mal. Pensé que ella era distinta a las demás, pero no, TODAS SON IGUALES.
Todos los hombres sabemos que las lágrimas de una mujer siempre guardan un mensaje detrás, por ejemplo, “necesito atención y no me la das”, “de verdad quiero esos zapatos”, “va a venir mi mamá a vivir con nosotros y no sé cómo decirte”… las lágrimas de una mujer son siempre tan falsas. Así que asumí que lo que ella me estaba pidiendo en ese momento era sexo duro. Me saqué el pene y se lo retaqué en la boca, ahí, en plena sala 4 de los cines de Plaza Galerías mientras veíamos a Saúl Lizaso en uno de sus peores papeles interpretando a George Clooney en Ocean’s Eleven.
Como era de esperarse, por su pinche culpa nos sacaron del cine y decidí que era mejor terminar lo que había empezado y fuimos a un hotel que está ahí, en el corazón de Sullivan, justo donde el amor se vende a quinientos pesos más el cuarto.
Estaba igual, hasta la madre, ni una habitación disponible, así que le propuse, -¿Sasqué?, vámonos al María Isabel Sheraton, que está en Insurgentes, lo vales.
Cuando llegamos allá, se quedo asombrada del lujoso lobby, la senté en uno de los sillones y la empecé a besar con pasión.
-Espérate, ¿aquí?, mejor pide un cuarto- Alegó ella.
-¡Estás pendeja!, ¿sabes cuánto cuestan?, además ni que fuera la primera vez que cogemos en un sillón- le respondí.
No quiso, se negó, así que nos fuimos de regreso a su casa e hicimos el amor en su recámara, mientras, Claudia, su madre y casualmente mi ex novia, golpeaba la puerta furibunda.
La moraleja es: este 14 de febrero, regale afecto, no lo compre.
[Esta historia es ficticia, cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia, a menos que usted sea Yadira, cuya madre se llame Claudia y vivan ambas en un departamento en la Colonia Santa María la Rivera y esto haya sucedido en febrero de 2008.]

sábado, 14 de enero de 2012

SI TE VAS

Si te vas, llévate contigo todo, las canciones, las caricias, tu recuerdo.

Si te vas no dejes nada, bórrame también de ti, borra nuestros besos de tus labios, los momentos felices que pasamos juntos. Llévate el tiempo que compartimos, nuestros planes que no cumplimos, los hijos que soñamos tener.

Si te vas, olvídame, piérdeme, toma tu ropa de mi armario y arráncame, aunque me aferre, el calor que dejaron tus brazos en mi espalda, el olor de tu cabello, la luz de tus ojos que me hacia suspirar, que provocaba sonrisas

Si te vas, no vuelvas nunca y déjame imaginar que solo fuiste un sueño maravilloso del que jamás  hubiera querido despertar. 

sábado, 7 de enero de 2012

Mi Padre

Entré, y ahí estaba acostado sobre la mesa con los pies descalzos y sucios, la cara más vieja y arrugada de como la recordaba, despeinado y con la barba desaliñada. En la mano aún conservaba el anillo de bodas que le aprisionaba el dedo casi ahorcándole, su suéter rojo de rombos y un pantalón de mezclilla.  A un lado de él, con los ojos visiblemente hinchados de haber llorado, se encontraba Juanelo quien vestía la chamarra y los tenis que le había regalado tan solo unos meses antes a mi papá.

Cuando yo era niño, le tenía a mi papá más miedo que cariño, al llegar de su trabajo, parecía estar siempre enojado, siempre molesto con todo y con todos, era hasta que tomaba un trago de ron que se suavizaba y empezaba a sonreír un poco, a veces demasiado. Pero esa alegría era efímera porque si seguía tomando se tornaba entonces violento.

Yo evitaba estar cerca de él, aunque me gustaba mucho escucharlo hablar con otras personas, siempre fue muy elocuente, tenía la palabra precisa, con la entonación adecuada, de voz firme. Cuando la gente lo escuchaba hablar, callaban. Él lo sabía todo, conocía de todo.

Era duro conmigo, no le gustaba verme frente a la caja idiota, como él le llamaba al televisor, me sentaba a leer el periódico con él, o a leer hojas y hojas de la enciclopedia de veinte tomos que teníamos en casa, me hablaba de usted y me trataba como hombre aunque yo fuera tan solo un chiquillo.

La gente le pedía consejos y él sabía siempre qué responder de forma satisfactoria, excepto a mí, la única vez que lo hice. Yo tendría unos catorce años y le dije que una chica del colegio me gustaba pero no sabía cómo pedirle que fuera mi novia. Me respondió que esas eran pendejadas, que no tenía edad para estar pensando en novias y que tenía que dedicarme a mis estudios.

Nunca más tuve la confianza de hablarle de chicas hasta muchos, muchos años después, cuando ya no necesité consejos.

Él era obrero, muy inteligente pero nunca pudo terminar una licenciatura porque nunca fue dedicado, empezaba una cosa y rápidamente le aburría y tenía otros planes, siempre tenía planes. Llevaba consigo una libreta donde apuntaba todo lo que haría, me llamaba a veces y me platicaba el futuro de su proyecto a uno, cinco y diez años, cada uno de ellos, todos, nos sacarían de la pobreza y nos harían ricos empresarios.

Fue hasta que conoció a Lorenzo que empezó a cambiar su vida, se venían las elecciones a delegados sindicales y Lorenzo le pidió ayuda a mi papá a cambio de nombrarlo secretario general. Lorenzo era igual muy inteligente pero era tartamudo y necesitaba la facilidad de palabra y oratoria que tenía mi padre. Ganaron y dejó su posición en el torno para sentarse detrás de un escritorio en las oficinas de un edificio viejo en el centro de ciudad de México. Ahora vestía traje y llevaba un portafolio lleno de papeles y documentos importantes, hablaba todo el tiempo por teléfono y lo iban a buscar para que los ayudara. Se le veía ocupado pero feliz.

Así pasaron varios años, hasta que un día se fue a la huelga la empresa, fueron semanas, meses agitados en casa, hablaban y hablaban, entraba y salía gente de la casa, sonaba el teléfono y sabíamos que era para él, se acabaron las tardes de leer juntos, de comer juntos. Se le veía angustiado. Hasta que cierto día, se sentó con mi mamá en la sala de la casa y le dijo que le ofrecían mucho dinero si vendía el movimiento y terminaba la huelga. Pero eso implicaría además traicionar a su amigo y compañero Lorenzo. Decidió qué no, que le sería fiel a sus principios.

Rechazó la oferta y después de un par de semanas declararon la quiebra de la empresa, todo se fue al carajo, se jalaba el cabello y apretaba los dientes de la rabia. Con el dinero que le dieron como liquidación montó una oficina de asesoría y gestiones públicas, seguía vistiendo traje aunque ya no fuera necesario, de Lorenzo ya no supimos nada y mi padre empezó a engordar, al cabo de los años se extinguió el luchador, el orador, el guerrero.
Mi madre lo fue a buscar un día y lo descubrió haciéndole el amor a la asistente encima del escritorio, después se vino el divorcio.

Para ese entonces yo ya no vivía con ellos, me había casado y movido a otra ciudad, nuestro distanciamiento era aun mayor por el hecho de vivir en ciudades distintas, eso nos alejó emocionalmente mucho. Aun así, hablaba con él a veces, una vez al mes.
Desde que nacieron mis hijos tuve en mente a mi padre como ejemplo de lo que no quería ser. Quería ser tierno, bueno, darles confianza, dejarlos ver la tele, pero cuando empezaron a crecer y me empecé a reflejar en ellos, me di cuenta que gracias a la dureza de mi padre era yo el hombre que soy ahora,  descubrí a mi padre en mis palabras, en mi forma de tomar el periódico y leer, en la misma música que él escuchaba, en la forma de hablar, con su misma elocuencia que admiraba tanto. Me hice entonces un listado de cosas prohibidas para mí, conductas de él que jamás adoptaría. Mis sentimientos hacia él se volvieron confusos cuando me convertí en padre.

Como era de esperase, mi padre también se dejó de Mariana, su antigua asistente, y desintegró la oficina, se compró un taxi y su alcoholismo se incrementó, me empezó a evitar y me resultaba muy difícil establecer comunicación con él, pasaban meses sin que supiera nada, hasta que lo iba a buscar al barrio donde había vivido de joven.

Vivía en casa de una de sus hermanas, más bien en el garaje de una de sus hermanas. Yo le daba dinero a  mi tía para que le diera de comer y le permitiera vivir ahí. Veía con tristeza en lo que se había convertido aquel hombre al que alguna vez temí tanto.

-¿Cómo están los niños?- Me preguntaba, no recordaba ni sus nombres, tampoco quería verlos, no quería que lo vieran así. Ese día le traje ropa, tenis nuevos y una chamarra de los Dodgers como él me lo había pedido. Se alegro de ver la chamarra y la gorra de su equipo. -Fuimos campeones, me dijo sonriendo. Estreché su mano y vi el anillo de matrimonio que tenía cuando estaba casado con mi madre. -Nunca me lo pude quitar, me dijo sonriendo nuevamente y me abrazó.

Salí de la casa y ahí estaba Juanelo, su amigo de la infancia y ahora su compañero de borracheras. Se despidió de mí también, y me extendió la mano en señal de que le diera algo de dinero.
Fue tan solo un par de meses más tarde que volví a México porque me llamó mi tía para avisarme que había muerto mi padre de congestión alcohólica. Estaba ahí tendido sobre la mesa de la morgue y al chingado Juanelo con la chamarra de los Dodgers que le había regalado a mi papá. -Él ya no se la va a poner, me dijo encogido de hombros y sollozando.

Sentí celos de que fue él quien compartió con mi padre sus últimos días, escuchándolo hablar como ya nadie lo escuchaba, cuando ya nadie le pedía consejos, cuando nadie más necesitaba de él. Le di un beso en la frente al cuerpo de mi padre y derramé una lágrima que calló en su rostro. Un adiós a un gran hombre incomprendido hasta por sí mismo.